Apenas hace una semana que uno de mis actores favoritos, Peter Falk, nos dejó. Falk fue un competentísimo actor de cine, pero será más bien recordado por su impactante y entrañable interpretación televisiva del despistado detective Colombo. Merece la pena tener todos los capítulos grabados (yo los tengo), no sólo por el gran Peter Falk, sino por los repartos de gran nivel, y sobre todo por una bando sonora que hace llorar de buena que es. Así es como géneros como el jazz o la música electrónica llegan a ser un verdadero placer para los sentidos. Acabo de leer un post del padre Fortea donde habla del mal y del bien en el cine, y entonces he pensado en el detective Colombo, enfrentado a los criminales, que en su prestancia y en su sofisticación y su malvado ingenio, se rebajan a ser condescendientes con él.
5 julio 2011
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5 julio 2011 at 19:38
A mi también me gustaba Colombo.Cuanto más artificioso y maquinador era el personaje malvado al que pretendía desenmascarar, más sencillo, natural y franco se mostraba él.Y es que la maldad cree que reina asentada en un trono único, convencida de que todos los seres humanos viven sin corazón. Y ahí se halla su debilidad precisamente.Colombo no necesita grandes indagaciones, sólo su humanidad. Una mano que se tiende sincera a otra mano. Un gesto directo, pacífico, sin malicia, con toda la rotundidad de quien nada esconde. Y es que en todos los hombres, por muy corrompidos que puedar estar , hay conciencia.
Abrazos cordiales
6 julio 2011 at 13:35
Bien dicho, apreciado anónimo. Me identifico fanáticamente con tu descripción del candor colombino. Colombo, a semejanza de su homónimo Cristóbal, es un descubridor. Un descubridor de la verdad. Mentiras hay muchas. Verdad sólo hay una.
Hasta la próxima.
11 julio 2011 at 13:20
A propósito de esto que comentamos, alguien me dijo hace poco una frase que había oído alguna vez pero que no me paré a meditar como requiere:”La verdad está expuesta en todas partes pero no todos la reconocen”. Reconocer parece consistir por tanto en permitir que el recuerdo aflore, como cuando de repente olemos un determinado aroma y éste nos trae desde el pasado y completamente intacto un rostro que creímos olvidado . Claro que para eso hay que estar dispuesto a no mentirse.Quizá por esto, en otras razones, nos resulte tan difícil reconocer la verdad. Se precisa una buena dosis de valentía o firmeza. Aunque imagino que, una vez dispuestos a mirarnos tal cual somos y con el coraje de reconocer también cuántas mentiras llevamos a cuestas, ha de ser una auténtica dicha contemplar la verdad abriendo sus pétalos de nuevo, cercana e íntima y dejándonos leer en ellos todos sus secretos.
Gracias y hasta la próxima!
11 julio 2011 at 19:33
aaaaaaa, que tiempos en que colombo descubria misterios eeee espero que eredes sus poderes ramon jajajaja.