Hace unos cuantos días declaré dogmáticamente (es la única manera que yo conozco de declarar mis ideas, que siempre son dogmáticas) que los micrófonos no podían captar el sonido hipercosmogónico. Bueno, pues resulta que quiero corregir esta declaración. No es que no esté de acuerdoc con mi dogma. Simplemente creo que hay que redefinirlo. Ahí va: “El micrófono no puede captar el sonido hipercosmogónico, A NO SER QUE SE TRATE DE UN MICRÓFONO HIPERCOSMOGÓNICO”. Ahora creo que el dogma queda más claro, lo cual redunda en pro de la doctrina pianogónica. Dicho sea de paso, el micrófono hipercosmogónico (que hace ya muchas décadas que dejó de construirse) es en sí mismo un instrumento hipercosmogónico, concretamente de la familia de los electrófonos, desgraciadamente parasitada por un sinnúmero de pseudoinstrumentos subrepticiamente introducidos en este equívoco mundo por el siniestro príncipe de las tinieblas, a la cabeza de los cuales está el desalmado piano electrónico. En conclusión podemos decir que el microfóno hipercosmogónico dejó de construirse a la muerte de los grandes hipercosmógonos de la música, como el crooner Bing Crosby, el jazzman Armstrong, o pianistas hiperscosmogónicos como Michelangeli, o Edwin Fischer.
Precimente hoy quiero invocar a otra autoridad hipercosmogónica. Se trata de Edwin Fischer. Imprescindible. Así reza mi Diccionario de pianogonía:
Fischer, Edwin. Pianista y director de orquesta suizo (Basilea, 1886 – Zurich, 1960). Discípulo de Krause en Berlín. Es considerado como uno de los mejores pianistas de todos los tiempos, con un repertorio centrado en los clásicos alemanes y vieneses, de Bach a Brahms. Su grabación del Wohltemperirte Klavier en los años treinta es inigualable.
No fue necesario prodigarse más. Dos líneas son suficiente para comentar la excelencia fischeriana. La excelencia fischeriana ha de experimentarse por medio del vinilo. el Shangri-La del sonido. Las remasterizaciones no valen, sólo crean efecto placebo, que conste (v. http://www.youtube.com/watch?v=UpyBcSAxqdQ)