Conviene dejar meridianamente claro que el sonido hipercosmogónico no puede ser captado por los micrófonos. Esto es una verdad incontrovertible. No es casualidad que autoridades de la talla hipercosmogónica de un Celibidache, un Benedetti-Michelangeli o más recientemente un Zimerman (véase http://www.youtube.com/watch?v=j6PpDQ6miBg&feature=related), se manifiesten indiferentes cuando no hostiles a la comunicación de la música por medios mecánicos.
Hoy traemos precisamente a colación la figura de Benedetti-Michelangeli. Cito mi Diccionario de Pianogonía:
Benedetti Michelangeli, Arturo. Pianista italiano (Brescia, 1920 – Lugano, 1995). Se le recuerda por su adusta perfección y su sonido de opulento colorido. De su selectísimo repertorio se celebran su Beethoven su Brahms y sus impresionistas franceses. Dio conciertos históricos en el Vaticano, negándose a tocar en suelo italiano a raíz de la confiscación de dos valiosos pianos tras la quiebra de un sello discográfico fundado por él. Su último concierto tuvo lugar en Hamburgo en 1993. Nunca sonreía a los aplausos del público, sino todo lo contrario.
De este pianista destacamos su elegancia. Recordemos que la elegancia es la principal virtud de un pianista. El concepto deriva del verbo “elegir”. El discípulo debe saber elegir su repertorio, así como debe saber elegir en todo momento el gesto técnico que mejor satisfaga sus ideas musicales, para no caer nunca en la inelegancia.
Cierto hecho confirma la elegancia del pianista. Ludovica Mosca, de quien fui discípulo, pudo asistir a uno de los raros recitales del maestro Benedetti Michelangeli. Tras oficiar de inicio las baladas de Brahms, resulta que el hipnagógico sacerdote se vuelve al público y confiesa con sinceridad que se ha vaciado y que oficiar el resto del programa no tendría sentido. El público así lo reconoció y le rindió una ovación extraordinaria. El gusto del pianista italiano demuestra una vez más que la belleza es comestible, y que en ningún caso se trata de sufrir una indigestión de belleza.
![arturo_benedetti_michelangeli[1]](http://kapellmeistershimmel.files.wordpress.com/2011/06/arturo_benedetti_michelangeli1.jpg?w=510&h=424)
11 junio 2011 at 23:50
Desconocía este pianista. Es muy elegante, como dices. Simplemente observar cómo se prepara antes de empezar a tocar una pieza, con qué cuidado lleva sus manos hacia el piano, es un auténtico placer. Amén de la interpretación, naturalmente.
12 junio 2011 at 23:37
Celebro tu observación, querida Felicidad. Tanto es así que la distinción y el aplomo de este tipo de pianistas hipercosmogónicos deben ser apreciados en silencio. Es un silencio de fe, el silencio de aquel que cree sin ver ni oir ni tocar, ni mucho menos razonar. Propongo que la próxima vez que un pianista de la raza de Benedetti Michelangeli dé un recital, se administre a los osados asistentes unos tapones de cera como aquellos que el intrépido Ulises hiñó para sellar los oidos de sus tripulantes y así evitar que enloquecieran por el canto de las sirenas.
Tuyo, KM.
13 junio 2011 at 09:47
jejeje, pues se apreciarían bastantes cosas. De hecho, es desde la devoción y el silencio desde donde este pianista interpreta.
Tuya, F
13 junio 2011 at 15:29
Por cierto, esto que refiere, estimado KM, acerca de los cantos de sirena, para algunos (entre los que me incluyo en primerísima primer fila de audición) tiene mucha enjundia. A mí me vuelven loca. Me resulta complicado sustraerme a la belleza con minúsculas( pero ¡ qué minúsculas, por Dios!, no sé por cual decantarme, todas las minúsculas tienen su aquel, mariposillas musicales revoloteantes). Vamos que me entra mucha gula… para otros luxurians pertinaz , como usted prefiera entender.Seguiré su recomendación: lo meditaré en silencio con tapones (de momento el Silencio de fe se me escapa).
Abrazos