Si ayer fue el turno de la klaviertiger (tigresa del teclado) Blanche Selva, hoy rendimos homenaje a uno de los luxurians más incógnitos del siglo XIX, Carlos Valentín Alkan. Así reza la entrada que le dediqué en mi Summa Pianogónica.
Alkan, Charles Valentin (su verdadero apellido es Morhange) Pianósofo y compositor francés altamente original, de estilo funcionarial o burocrático (París, 1813 – París, 1888). Pianista faústico, de un romanticismo neoclasizizante. Fue amigo y vecino de Chopin, y sus colegas más ilustres le tuvieron en gran estima como pianista y como músico. Para su gran amargura, no pudo suceder a Zimmermann en la cátedra de piano del conservatorio de París, cargo que fue adjudicado en 1848 a Marmontel, otro exponente del estilo funcionarial o burocrático. Era judío practicante en una sociedad francesa algo anti-semita por aquel entonces. En sus raros conciertos se inclinaba más por interpretar a figuras históricas como Beethoven o Schubert, que a tocar sus propias obras. Fue un campeón del piano con pedalero (v.). Sus composiciones pueden llegar a un virtuosismo casi impracticable, y muchas de ellas se publicaron sin que ni el propio Alkan las llegara a interpretar en público. En cuestiones de enharmonía era tan estricto que llegó a escribir un triple sostenido y normalmente prescindía del rubato, favoreciendo en cambio una interpretación metronómica. Sus acotaciones son ciertamente excéntricas, y desmontan en cierto modo el mito de Satie. De su obra podemos destacar sus elefantiásicos Douze études dans les tons mineurs, que abarcan 275 páginas. A la hora de fotografiarse, Alkan se mostraba tan tímido, tan intimidado, tan medroso, que siempre daba la espalda.
