Cada cual se conoce a sí mismo y sabe cuáles son las películas que más le convienen en esos mágicos momentos de hastío, de soledad, de noble aburrimiento. Mi cosmógono las llama “películas chupete”. Incluso una vez empezamos un debate teológico sobre si el cine como invento es católico o protestante. Aunque hoy reconozco que tal discusión no deja de tener cierto carácter bizantino, pues lo realmente importante es que hubo cineastas que sin saberlo hicieron cine realmente católico. Cine universal, cine puro.
First Blood es una pequeña obra maestra. La puedo ver un millón de veces sin cansarme. Stallone nació para ese papel, que él mismo escribió. Dennehy y Crenna también nacieron para sus papeles (el acomplejado sheriff Teasle, y el distante coronel Trautman, personajes perfectamente dibujados) . La banda sonora no admite comentarios, porque es sencillamente impactante (Jerry Goldsmith). Recuerdo que esta película la vi en el sur de Inglaterra a mediados de los ochenta y entonces no entendí nada, pero no dejó de emocionarme el diálogo final donde Rambo rompe a llorar en lo que es una interpretación de gran altura.


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